No juzgues a tu prójimo hasta que no estés en su lugar


"No juzgues a tu prójimo hasta que no estés en su lugar". 

Nuestros sabios explican: Como uno jamás puede llegar a estar en el "lugar" de los demás, no puede comprender a fondo las motivaciones (el "por qué", tanto consciente como inconsciente) que hay detrás de su conducta, está incapacitado para juzgarlo.

No obstante, "hasta que no estés en su lugar" implica que uno debe tratar de comprender a su prójimo lo mejor que pueda, para acercarse lo máximo posible al "lugar" del prójimo. Esto significa relacionarse con él (tanto intelectual como emocionalmente) expresando un amor cada vez más grande y profundo.

A medida que uno se acerca al otro, su punto de vista hacia él comienza a cambiar, empieza a verlo bajo una luz más favorable e incluso a reconocer que las imperfecciones aparentes que ha observado en él son en realidad reflejo de  defectos idénticos, aunque menos palpables, que están en uno mismo.

Ahora es capaz de cumplir el dictamen de nuestros sabios que complementa al anterior (Avot 1:6): "juzga a todo hombre favorablemente", y a aplicar la enseñanza del Baal Shem Tov sobre el versículo "Reprender, reprenderás a tu prójimo": primero se tiene que reprender a sí mismo (respecto a la misma falta que ve en el compañero) y sólo así estará capacitado para reprender constructivamente a su prójimo.

Esta enseñanza del Baal Shem Tov continúa y brinda una nueva visión del consejo dado por Reish Lakish (Bava Batra 60b): "Primero rectifícate a ti mismo, y luego rectifica a los demás". La palabra utilizada aquí para "rectificar" (keshot) significa literalmente "adornar". Esta palabra alude a la relación entre marido y mujer, de lo que inferimos que dicha enseñanza general se aplica en especial a ellos.

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