google.com, pub-3838220590989262, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Sólo La Biblia: Dr. Ketriel
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¿Queremos ver la gloria del Eterno?


Y Moisés dijo: Esto es lo que el SEÑOR ha mandado que hagáis, para que la gloria del SEÑOR se aparezca a vosotros. (Lev. 9:6 LBLA)

El Eterno desea manifestar su gloria en medio de su templo. Para poder llegar a ese fin era necesario eliminar el pecado primero de la familia del sumo sacerdote y luego del pueblo. Los sacrificios de los animales sin defecto servían para cubrir los pecados de los hijos de Israel, pero no los pudo quitar del todo. Sólo el sacrificio del Mesías hecho una vez por toda la raza humana desde Adám en adelante es capaz de quitar los pecados del hombre. Sin embargo, los sacrificios de los animales son necesarios para que la gloria del Eterno pueda ser manifestada en su templo terrenal sin que los hombres, que todavía tienen el pecado en su naturaleza, mueran por esa gloria.
Ahora había llegado el momento de iniciar el culto al Eterno en el tabernáculo. Los sacrificios no eran un fin en sí, sino sólo medios por los cuales la presencia visible del Eterno podía manifestarse y permanecer en el pueblo. Esa presencia de Su gloria, esa shejiná, era la meta de todo el culto del tabernáculo y ahora había llegado el momento de poder experimentar la entrada de esa gloria de manera visible.
En el versículo 4 está escrito que HaShem mismo se iba a aparecer a los hijos de Israel, pero en el versículo 6 habla de la gloria el Eterno. Esto nos enseña que la gloria del Eterno es su presencia, es Él mismo de manera manifestada. Él es invisible pero puede manifestarse de manera visible al ojo humano.
Pero no sólo eso, la presencia de la gloria del Eterno es algo que también afecta las emociones. Es posible no solamente ver sino también sentir su gloria. Hoy en día no podemos ver su gloria en medio del pueblo, porque aún no tenemos el templo en Yerushalayim, pero sí es posible sentir y es posible vivir y caminar en ese sentimiento de su inmediata presencia en nuestros templos personales.
Esa gloria, esa presencia del Espíritu del Eterno, es más valiosa que cualquier cosa de este mundo. Su cercanía en nuestras vidas es más válida que todo lo demás. El anhelo por esa gloria es la aspiración más alta que un hombre pueda tener y la Torá nos enseña el camino para poder ver, recibir y vivir en esa gloria.
La Torá Viviente es la manifestación de esa gloria aparte del templo edificado por manos humanas, como está escrito en Juan 1:14: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó (literalmente: puso su tabernáculo) entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (LBLA)
En la oración del Sumo Sacerdote Celestial vemos también la gran aspiración del cielo de mostrar la gloria del Eterno a los hombres, como dice en Juan 17:22, 24: “La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.” (LBLA
La remisión del pecado es una condición muy importante para poder ver su gloria. Otra de las cosas que la Torá nos enseña es la obediencia a los mandamientos. El versículo que hemos destacado nos enseña que para poder ver la gloria del Eterno hay que hacer lo que él ha mandado que se haga.
¿Queremos ver la gloria del Eterno? Entonces tenemos que hacer lo que él nos ha mandado. Y esto no es un mensaje principalmente individual, sino colectivo. Por eso dice “a vosotros”.
¿Deseamos realmente la gloria del Eterno entre nosotros? ¿Estamos dispuestos a combatir el pecado en todas sus formas y obedecer al Eterno en todo lo que nos manda?

¿Por qué hay que clamar al Eterno?

El Eterno escucha aquellos que buscan con sinceridad. Imagen: bosquejosparasermones
Entonces clamamos al SEÑOR, el Di-s de nuestros padres, y el SEÑOR oyó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. Deuteronomio. 26:7
El Eterno escucha la oración de los que le buscan con sinceridad. Sin embargo hay situaciones que el hombre puede pasar que requieren más que una sola oración y un tipo de oración que sale fuera de lo regular. Hay momentos en que el hombre necesita clamar al cielo para recibir la respuesta de su oración y, especialmente si se encuentra bajo opresión causada por poderes espirituales en los aires, o incluso dentro de él mismo.
Los hijos de Israel habían estado oprimidos por poderes, no solamente políticos sino también espirituales, durante cuatrocientos años. La liberación de esa opresión no era cosa fácil. Grandes batallas espirituales fueron requeridas para producir la redención en esa situación humanamente imposible.
Es posible que al principio las oraciones de liberación del pueblo escogido no fueron muy intensas, por causa de que la situación en la que estaban no era mala del todo y se podía aguantar, pero conforme iba aumentando la presión esclavizadora, también el tono de las oraciones del pueblo iba cambiando de intensidad y profundidad. El clamor al Cielo fue cada vez más fuerte y llegó un momento cuando el clamor fue oída en los cielos de una manera decisiva. Hay un momento en la oración cuando el clamor del hombre logra traspasar ciertos límites y quebrar ciertas barreras espirituales y en esos momentos su oración tiene un efecto muchísimo más poderoso en los aires.
Las Escrituras nos enseñan que el clamor es necesario para obtener respuestas de ciertas oraciones. La palabra hebrea que este texto usa para clamar – tsaak,צעק  – tiene que ver con un clamor fuerte, muchas veces inspirada por una angustia enorme, que uno siente cuando está ante un peligro grande y amenazante. Al estar ante un peligro de muerte uno grita fuertemente. De ese tipo de grito se está hablando aquí y cuando ese tipo de grito va acompañado de fe es oído en los cielos.
“Entonces en su angustia clamaron al SEÑOR, y El los libró de sus aflicciones” Salmo. 107:6
“También les dijo: Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: "Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle"; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte nada." Os digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Lucas. 11:5-10 
“Y les refería una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer, diciendo: Había en cierta ciudad un juez que ni temía a Di-s ni respetaba a hombre alguno. Y había en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: "Hazme justicia de mi adversario." Por algún tiempo él no quiso, pero después dijo para sí: "Aunque ni temo a Di-s, ni respeto a hombre alguno, sin embargo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia." Y el Señor dijo: Escuchad lo que dijo el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas. 18:1-8
“La oración eficaz del justo puede lograr mucho. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.” Jacobo/Santiago 5:16b-18
Si te encuentras en una situación límite, no te cortes sino clama con voz en cuello al Cielo. Sal al campo o al bosque o esconde tu cara en la almohada o enciérrate en tu habitación  y grita al Cielo con toda tu voz y con toda tu fuerza. Grita con fe y esperanza de que el que escuchó a los hijos de Israel en Egipto también te escuchará a ti. El que los liberó de la opresión cuando clamaron, también te liberará a ti cuando clamas.
Clama al Cielo y serás oído.