Los Expertos


En medio de la tormenta ahí esta Jesús para ayudarnos. Imagen Internet
Por: Javier Juaréz


Propósito:
Comprender que Jesús, nos libera de la preocupación porque él es  Señor y dueño de todo.

Introducción.
En cierta ocasión me tuve que desplazar del Distrito Federal y buscar trabajo en otro estado del país. Hay que llevar preparada una solicitud de trabajo o tu “Curriculum vitae” en donde te confiesas quién eres y que eres; para qué te preparaste. Alguna vez viaje  en barco y, que emoción, pero, oh, oh…  Adentrarse en el mar en un viaje turístico o de trabajo es una gran emoción. Mayormente cuando se deja de ver tierra y sólo se observa azul por arriba y azul por abajo. Se pierde la dimensión de distancia, de movimiento de avance y orientación pues no hay ninguna referencia de apoyo para saber dónde nos encontramos, o más bien dicho dónde estamos perdidos. ¡Oh, oh! ¿Perdidos?

Hay personas que trabajan teniendo un título que ampara su oficio, o su profesión. Puede ser un diploma, un reconocimiento o un título. Dicho documento les valida el buen desarrollo de su labor, además que brinda confianza a la persona o empresa para quien trabajan.
En el mar, ¡ah, qué alivio! El respiro de alivio se saborea cuando ves al capitán del barco. Un hombre experimentado y con un uniforme que lo distingue entre toda la tripulación. Él si sabe dónde estamos. Él si sabe cómo entrar y salir de aquí. Entonces, no nos preocupemos, disfrutemos nuestra travesía marítima.

Desarrollo:
Jesús de Nazareth, edad 30 años. Religión judía. Estudios máximos los necesarios para desarrollar el trabajo de carpintero. (Y salvador del mundo)

Pedro y Andrés de galilea, edad 50 y 40 años aproximadamente. Religión judía. Estudios máximos, los necesarios para ser  buenos pescadores.

Juan y Jacobo. Experiencia necesaria para el trabajo de la pesca.

Leví, llamado mateo. Edad, 40 años aproximadamente. Oficio: Cobrador de impuestos.

Judas Iscariote, edad por igual aproximadamente 40 y oficio… traidor

Cada quien tenía su oficio. Cada quien estaba seguro de su capacidad de desarrollar en forma profesional su labor.

Pero de pronto el carpintero  dice a los pescadores que él los hará verdaderos pescadores. Un carpintero que nada tiene que ver con el mar y las redes  está diciendo que les enseñará algo mejor.

De alguna forma tiene que convencerlos que sabe lo que está diciendo. Y para muestra un botón.
Lucas 5:4-8 Les dice dónde aventar la red y la red sale llena de peces y  casi se rompe. Le dice a Pedro que de la boca de un pescado saque el dinero para los impuestos Mateo 17:24-27. ¡Parece que el carpintero sabe de pesca! ¿Pero, qué de pescar hombres?

Como si le dijeran “enséñanos cómo es que puedes pescar hombres, si cada uno está envuelto en sus quehaceres y ocupaciones. Ya vimos que aunque eres un carpintero sabes de peces, pero, ¿qué sabes de los hombres?”

Entonces la orden es: vayamos al otro lado. Crucemos este mar. Que se ve tranquilo, pero que a la mitad cambiará su paz por violenta sacudida más al cruzar habremos vencido y madurado.  

La compañía de Jesús en la barca.

a) Jesús ha iniciado su ministerio en Galilea, ha llamado a doce y con ellos ha formado la incipiente iglesia, misma que llegará a ser incontable. Cada declaración, cada acción, cada enseñanza está encaminada a fortalecerla; a hacerla más firme, más sólida, tal que las puertas del infierno no prevalezcan en contra de ella (Mateo 16:18), esa ha sido la promesa de Jesús; la iglesia de Jesús es probada siendo pasada por alguna tormenta.

b) La popularidad de Jesús es tal que la gente le aprieta. Marcos 3:9, 20; 4:1. Nos encontramos con Jesús en un día de gran actividad. Jesús es un hombre de gran capacidad para el trabajo, Juan 5:17 "Mi Padre hasta ahora trabaja; también yo trabajo". Estuvo enseñando desde muy temprano y hasta caer la tarde en una barca, tomando tiempos para explicar a sus discípulos lo que no entendían. Ese día enseño por lo menos 4 parábolas; la del sembrador, la de la lámpara, la del crecimiento de la semilla y la del grano de mostaza. Verdaderamente se encontraba exhausto.

c) Entonces viene la orden - pasemos al otro lado-es frecuente ver a Jesús retirándose de las multitudes para tomar tiempos a solas en oración o, para dar instrucción a sus discípulos. Despide a la multitud y entonces los discípulos toman a Jesús le ponen en la barca y empiezan a ir mar adentro. Cabe hacer la notación que un buen grupo de sus discípulos, como pescadores que eran, sabían de aquella empresa, ellos eran los expertos, de manera que Jesús se pone en sus manos. Vieron el cielo, evaluaron la situación, y decidieron que lo mejor era partir de inmediato. Allí esta esa pequeña iglesia en una gran misión, cruzar el mar de Galilea. Quizás sus recomendaciones para el carpintero fueron: “maestro, siéntate aquí. No te muevas porque te puedes caer. Nosotros somos los pescadores. Tenemos experiencia en esto”. Y Jesús hasta se durmió.  Jesús parece que se siente seguro al lado de esos expertos.

La misión es la de Jesús, los recursos y las habilidades muchas veces serán los nuestros. La misión era cruzar el mar, el recurso la barca de alguno de los pescadores y las habilidades las adquiridas a través del tiempo. Pero sin Jesús, la misión, los recursos y las habilidades no son nada. 

Se levantó una gran tempestad... La imprevista tempestad es propia de la región que rodea el Mar de Galilea, donde el movimiento de las corrientes de aire hace que el viento descienda precipitadamente, con violencia.

El choque del viento caliente y el frió es lo que provoca ese gran movimiento del mar. Estos hombres sabían de navegación y por lo tanto de tormentas, pero  aquella tormenta era muy especial, no era como cualquier día; de manera que empezaron a angustiarse al ver que no podían tomar control de la situación.

Cuando de llevar adelante la misión de Jesús se trata, se levantarán tempestades y tormentas que nos parecerán por demás extrañas, aunque hayamos mirado al cielo, aunque hayamos consultado el pronóstico del tiempo, puedes estar seguro de que aparecerán; por supuesto llevar adelante la misión de Jesús implica la liberación de la esclavitud del pecado de otros, de conquistar territorios en el mundo de las potestades espirituales, de arrebatar, verdaderamente arrebatar a Satanás a hombres y mujeres que están bajo su control.

 ¡Cuidado que pongamos a Jesús en nuestra barca, y trataremos de acomodarle en un rincón!
Una cosas es invitar a Jesús a que entre en nuestra barca, pero otra el cederle el control. Los discípulos le habían acomodado por allí en algún lugar, por cierto el más importante, pero le habían puesto un letrero enfrente, “cuidado, no tocar, expertos navegando”. ¿Cuántos letreros nosotros  le hemos puesto a Jesús? ¿Cómo personas? ¿Cuántos?, como familias, ¿cuántos?
El cabezal es el asiento de madera o cuero del remero principal, Jesús lo estaba usando como almohada. En medio de la tormenta se llega a perder la dimensión de todo, hasta olvidar quien fue puesto en nuestra barca; ya no solamente son las tempestades externas, que nos resultan amenazantes contra las que debemos luchar, parece ser que ahora las tormentas al interior son más intensas que las exteriores. Recuerda: “no importa tanto lo que sucede alrededor de ti, como lo que sucede dentro de ti”.

Siempre habrá alguien con lucidez en el momento más crítico “Despertemos al maestro”. Jesús no duerme, Jesús descansa, esperando a que nosotros le llamemos, el siempre ha estado allí. Que Jesús no solo tome la posición, si no que tome la dirección y el control.

Nuestra vida en Jesucristo, en medio de la misión, deberá tener presente lo que Jesús dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. El todavía está con nosotros, démosle el lugar que como piloto de la nave le corresponde, dejémosle el timón, seguro estoy que nos llevará a tierra firme.

No importa qué tan capaz seas o experto te sientas, tú no puedes acallar al mar ni al viento. Eres finito y pequeño grano de arena ante el universo y obviamente, ante quien lo creó. Tienes que dejar de ver a Jesús como el carpintero, hijo de José. Él es EL SALVADOR. TU SALVADOR.

Lo que sucedió allí en medio de la tormenta,  el temor ante lo que no puedes controlar o solucionar con tus capacidades se volverá a repetir en tu vida, pero Jesús  reprenderá a la tormenta, nos exhortará a confiar más en él, y nos llevará a puerto seguro, allá en donde nuevos retos nos esperan;  ¿sabes dónde?

En la región de Gádara (el endemoniado gadareno Marcos. 5:1-2). Pero ahí también  el poder de Dios volverá a manifestarse. Él es el experto.


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