Oficios y profesiones en la Biblia: Comerciantes

Los comerciantes eran parte principal de los pueblos. Imagen: rolteca.es

COMERCIANTES
El lugar del comerciante en los negocios. 
En la villa o ciudad oriental, el mercado es un lugar para cualquier clase de negocio. No siempre se encontrará en el mismo lugar. Puede estar cerca de las puertas de la ciudad, o puede estar en las calles del pueblo. En nos distritos el mercado no siempre está en operación, pero está abierto para el negocio siempre que haya algo que vender. El arribo al pueblo de una caravana de camellos puede ser una gran ocasión para alistar el mercado y la venta de alimentos, especialmente el “grano bendito”. Se venden también muchas mercancías en el bazar oriental. Este es generalmente una arcada cubierta en la que hay hileras de tiendas a cada lado, y aquellas personas de igual giro a menudo tienen sus tiendas juntas, tales como los que venden telas, abarrotes, artículos y utensilios de hojalata, mercancías de piel, dulces, etc. Jeremías habla de la calle de las panaderías (Jer. 37:21).
Compra y venta oriental. 
Esto es muy diferente de comprar y vender en el occidente. Ningún precio fijo se establece sobre lo que se vende. Ordinariamente el comprador pierde de unos cuantos minutos a una hora o mas para hacer su compra. El comerciante principia pidiendo un alto precio y cl comprador ofrece un precio bajo Entonces el regateo seguirá con toda seriedad. Para el extranjero este proceso del regateo es tedioso sin duda alguna, pero a los verdaderos orientales les gusta grandemente. Entre ellos el regateo los precios, y la controversia y el argumento y la excitación usualmente los acalora. Cuando se concierta la venta, el comprador se va proclamando su espléndido ajuste de precio, y será grandemente admirado por el vendedor. El libro de los Proverbios retrata a tal comprador: “El que compra dice: Malo es, malo es; mas en apartándose, se alaba” (Prov. 20:14).
Pago de mercancías. 
El pago no se hace siempre con dinero efectivo por la mercancía comprada. El intercambio de mercancía usualmente toma el lugar del dinero, efectuándose el cambio segunda clase de mercancía. En los tiempos primitivos del Antiguo Testamento la entrega de dinero tomaba la forma de metales preciosos dados al vendedor mediante el peso de ellos. Así “Abraham se convino con Fphrón, y pesó Abraham a Ephrón el dinero que oyéndolo los hijos de Heth” (Gén. 23:16). Este fue el precio de compra de la Cueva de Macpela. En lo concerniente al dinero en sacos de los hermanos de José, la Escritura dice: “El dinero de de uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso” (Gén. 43:21).
Las primeras monedas aparecieron hasta 700 años antes de Cristo. El Nuevo Testamento se refiere a la acuñación durante el Imperio Romano cuyas monedas estaban en uso en aquellos días para transacciones comerciales. Pero el comerciante oriental no siempre recibe el dinero de contado. La deuda es común entre muchos. Algunas veces el labriego siembra semilla que ha conseguido prestada, tierra prestada, usando herramienta prestada, y aun vive en una casa prestada. La parábola de Jesús acerca del mayordomo injusto, se refiere a los hombres que debían a su señor varias cantidades tales como “cien barriles de aceite y “cien coros de trigo” (Luc. 16:5-7).
Métodos orientales de medir el grano. 
Al vender grano en las tierras bíblicas la costumbre es que cada medida debe estar rebosante. De la misma manera tales líquidos como aceite y leche deben rebosar un poco para caer a la vasija del comprador. La medida de áridos (unos 35 litros) se usaba para medir el grano. Cuando ésta se llenaba, el grano se aplastaba y luego se sacudía dos o tres veces de lado para que se acomodara el grano. El que mide el grano aun pone un poco más encima, y repite el sacudimiento hasta que la medida está perfectamente llena hasta el borde. Entonces aprieta suavemente el grano haciendo un hueco pequeño encima y añade luego otros puñados de grano formando un cono en la superficie, hace el cono hasta que no se puede añadir más, algo de él derramándose. Enseguida este grano se vacía en el recipiente del comprador. Tal es el modo oriental de medir. Jesús dijo: “Dad, y se os dará: medida buena, apretada y remecida, y rebosando darán en vuestro seno. Porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir” (Luc. 6:38). La palabra traducida “seno” debería ser “regazo” porque no es en el seno, sino en la falda de su vestido donde hay amplio lugar, y allí el oriental transporta el grano, de la manera que una mujer entre nosotros lleva cosas en su mandil.

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